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sábado, 26 de noviembre de 2016

La arquitectura, cuestión de investigación - Jhohan Oporto

Fuente imagen: http://imagenes.montevideo.com.uy/imgnoticias/201201/_W620/350299.jpg 

Tiempo atrás, al finalizar una prolongada sesión de evaluación de proyectos en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), uno de los tutores responsables del grupo tomó la última palabra y exclamó en dirección al tribunal: “¡arquitectos, esto no se trata de investigación!”.
La frase y su justificación, en relación al cuestionamiento del tribunal sobre la coherencia metodológica del proceso de diseño y su articulación con la investigación, se orientaron a argumentar que el proyecto de grado, como vía de titulación profesional, no exigía a estudiantes y docentes la formalidad de una tesis de investigación.
Que lo importante era la resolución de un “ejercicio práctico” de la vida profesional. Desde un falso empirismo del diseño, se sostenía en resumen la idea de que la arquitectura no obedecía a la lógica de la investigación, que no era una ciencia.
 Aunque en el discurso ninguna institución de educación superior contemporánea, privada o pública, omita el componente de la investigación como pilar constitutivo y de praxis ligada a la formación (la extensión y la interacción social), la realidad concreta dista mucho del desear ser.
Esta concepción acientífica de la arquitectura, afincada en el proyecto de grado como forma dominante y unívoca de síntesis de la profesión, expresa la actual valoración de la investigación dentro de la formación en el pregrado y la vinculación profesional con el desarrollo nacional.
Dos estadísticas exponen la desvalorización de la investigación a nivel de la formación y la producción de conocimiento científico en el posgrado.
Primero, en el informe del Ministerio de Educación denominado “Potencial científico y tecnológico” (2009 y 2011), se indica que en América Latina y El Caribe existen 3,5 investigadores por cada mil personas de la población económicamente activa (PEA), siendo el caso para Bolivia de 0,4 por mil. 
Segundo, de acuerdo al registro del posgrado de la Facultad de Arquitectura y Ciencias del Hábitat (FACH) de la UMSS: cada año se defienden tres tesis de maestría en promedio; esto es que, entre 1998 y 2012 de los 305 cursantes de programas de maestría sólo 45 personas presentaron su tesis. Sin contar con los investigadores formados fuera del departamento y del país, esto representaría 0,06 arquitectos investigadores por cada mil personas de la PEA en Cochabamba.
A partir de esta problemática de articulación entre la arquitectura y la investigación ¿Qué esperar de los arquitectos en el futuro?
Dar continuidad al proceso de desvalorización de la investigación en el pregrado y el posgrado tiene una directa correlación con la desvalorización del papel de la profesión en la producción del hábitat y el desarrollo social. Seguir por el mismo rumbo sería el suicidio de la profesión y contribuiría a la reproducción de la creciente insustentabilidad ambiental y social del dominante enfoque urbano de hábitat.
La circunstancia central por reflexionar es que sin formación investigativa en el pregrado y el posgrado no habrá conocimiento nuevo, reflexivo y crítico que posicione a la disciplina en el ámbito de las transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales e ideológicas, ambientales, tecnológicas, entre otras, de nuestra nación y el mundo. Sin esta formación no existirán arquitectos investigadores ni intelectuales del hábitat. Situación que seguirá materializando la gran ruptura entre la universidad y la sociedad, que en lo inmediato contribuye aceleradamente a la implosión de la academia –y particularmente de la profesión- en la esfera nacional e internacional.
Esperemos que no sea tarde, cuando otro docente, en el pregrado o en el posgrado, exclame con vehemencia consciente: “¡Arquitectos, la arquitectura si había sido cuestión de investigación!”.

Fuente: http://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20161123/columna/arquitectura-cuestion-investigacion

jueves, 29 de enero de 2015

Vivir Bien ¿Paradigma no capitalista? - Ivonne Farah y Luciano Vasapollo (Coord.) (2011)



Click sobre la imagen para descargar el texto completo.

Lista de lecturas sorteadas:

1. Acerca el Suma Qamaña. (Javier Medina)
2. Qamir qamaña: La dureza de "estar estando" y dulzura de "ser siendo". (Pablo Mamani)
3. Suma quamaña = Vivir bien ¿Como medirlos? (Xavier Albó)
4. Para un nuevo estilo de vida en Latino América: orígenes básicos de otro sistema de metabolismo social. (Ricardo Antunes, Ruy Braga)
5. Sólo imaginando otros mundos se cambiará éste. Reflexiones sobre el buen vivir. (Alberto Acosta)
6. La formación de profesionales. Hacia una aproximación del Vivir Bien.(Dora Márquez, Luis Márquez)
7. El vivir bien versus hedonismo ético.¿Fin del dominio a través del consumo? (Efrain Echevarría, Ana Isable Navedo)

8. "Vivir Bien" y descolonización. (Rafael Puente)

viernes, 19 de julio de 2013

Las 10 ciudades más contaminadas del planeta 2013

 Por


Linfen, China. La ciudad más contaminada de planeta.

Hace unos días, el Instituto Blacksmith (una ONG ambientalista), lanzó su segunda lista anual con los 10 lugares más contaminados del mundo, estimando que más de 12 millones de personas viven actualmente en ciudades que día a día amenazan a miles de sus habitantes, o como Chernobil, en Ucrania, que tuvo que ser clausurada en un radio de 30 kilómetros por su radiación nuclear.

Una de ellas es Sukinda -la tercera en este ranking- donde hay 2,6 millones de personas potencialmente expuestas a metales pesados ​​tóxicos. El agua potable está contaminada con aguas residuales no tratadas y barro con mercurio. Los habitantes de Sukinda tienen probabilidades de desarrollar cáncer de hasta un 50% más que sus vecinos de Azerbaiyán, y sus posibilidades de morir a causa de esto, son más altas aún.

Como Sukinda, hay muchos otros. La gravedad es tanto mayor si consideramos un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el que comprueba que los factores medioambientales, como el agua o aire contaminados, conforman el 20% de las causas de muerte en el mundo.

Las primeras cuatro ciudades de la lista están en Asia, y son seguidas por La Oroya en Perú (la única de Latinoamérica), y otras en Rusia, Ucrania, Azerbaiyán y Zambia (la única de Africa).

La lista con los detalles de cada lugar, a continuación.


1. Linfen, China

Vía: eleconomista.es

A orillas del río Fen, en la provincia de Shanxi, la explotación de la industria del carbón, la minería legal e ilegal y las emisiones de los automóviles, han convertido a Linfen -varios años seguidos- en la ciudad más contaminada del mundo. Su aire está lleno de carbón quemado, pero no es el único problema. La pobreza y el incumplimiento de factores ambientales generan algunas enfermedades como el asma o el cáncer de pulmón, los que afectan y amenazan la salud de cerca de 3 millones de habitantes.

2. Tianjin, China

Vía: theverge.com

La explicación para que esta ciudad esté en el segundo puesto de la lista, es que más de la mitad de a producción de plomo de China se produce en Tianjin. Durante años las industrias de éste y otros metales pesados han contaminado el aire, los ríos y el suelo agrícola de esta ciudad al noreste del país. Estadísticas señalan que 140 mil habitantes están expuestos a a enfermedades que afectan el sistema nervioso, entre otras. Este video del Globe and Mail da cuenta de la gravedad de la polución.

3. Sukinda, India





Vía: environment911.org







El cromo es altamente cancerígeno y más del 60% del agua potable en Sukinda está contaminada por este metal pesado. De hecho, Sukinda tiene una de las mayores minas de cromo a cielo abierto del mundo; así, agua, aire y suelos tienen niveles récords de contaminación a nivel mundial. Asma, hemorragia gastrointestinal, infertilidad, tuberculosis e incluso defectos de nacimiento son algunas de las enfermedades a las que está expuesta una población de más de 2 millones de habitantes.

4. Vapi, India

© Vía Greenbuzzz.net.

En el extremo sur de una cadena de industrias que están lejos de respertar la normativa está Vapi; la ciudad víctima de los desechos químicos, metales pesados ​​y pesticidas. La falta de agua de la zona es una de las trampas más graves, ya que muchas personas se ven obligadas a subsustir con las aguas contaminadas de la ciudad, por lo que son comunes enfermedades como carcinoma, cáncer de garganta y los defectos de nacimiento. El agua subterránea de Vapi sobrepasa 96 veces los niveles permitidos, lo que ha llevado a que hayan metales pesados presentes también en productos de la tierra.

5. La Oroya, Perú

Vía Flickr. © Matthew Burpee

La Oroya es la única ciudad latinoamericana en el ranking, pero se ha ganado el lugar con índices abrumantes: desde 1922, el 99% de los niños que habitan en el área han presentado plomo en su sangre. Además, metales pesados como el zinc, el cobre, el azufre y el plomo, presentes en el aire, afectan permanentemente a sus 35.000 habitantes. La fundición ubicada en La Oroya es la causante de enfermedades como pérdida de memoria, problemas de crecimiento y mal aprendizaje, y aunque se han tomado ciertas medidas para disminuir la contaminación, varios estudios afirman que el plomo permanecerá en esta ciudad durante siglos.

6. Dzerzhinsk, Rusia

Vía: noorimages.com

Durante la Guerra Fría, Dzerzhinsk era el centro de fabricación de armas químicas y, actualmente, sigue siendo el principal centro de fabricación de productos químicos en Rusia. Por esto entró al Libro de Records de Guinness como la más contaminada del planeta en términos de contaminación química, y es que en varios puntos hay aguas que tienen 17 millones de veces por encima de los niveles permitidos. ¿Las consecuencias? Las expectativas de vida de hombres y mujeres se han reducido a 42 y 47 años, respectivamente.

7. Norilsk, Rusia

Vía: nosinmochila.com

Esta ciudad rusa es una de los mayores productores de níquel y paladio en el mundo, además de que también extrae cobre, cobalto, platino, y carbón. Fue fundada en 1935 para ser un campamento de trabajos forzados en Siberia, pero luego se convirtió en una ciudad donde se emplazan las fundiciones de níquel; responsable directas de problemas como la alta polución y la lluvia ácida que la ha afectado. Aquí, la mortalidad por enfermedades respiratorias es mucho más alta que en el resto de Rusia.

8. Chernobil, Ucrania

© Timm Suess.

Chernobil es mundialmente famoso por el desastre que en 1986 causó la planta nuclear al liberar una radiación que sobrepasó 100 veces el límite permitido en el aire. Luego de esto, alrededor de cinco mil sufrieron cáncer de tiroides. Hasta el día de hoy, las enfermedades respiratorias y las enfermedades del oído amenazan a todos quienes viven en la zona de lluvia. La zona de 30 kilómetros alrededor de la planta sigue siendo inhabitable y es probable que siga así durante varios miles de años.

9. Sumgayit, Azerbaiyán

Sumgayit es uno de los centros petroquímicos más grandes del mundo. Como una importante industria para la Unión Soviética, hace algunas décadas esta ciudad llegó a tener más de 40 fábricas de productos químicos agrícolas e industriales. A pesar de que la mayoría de estas fábricas ya no están activas, los niveles de contaminación siguen siendo altos debido a la falta de controles y medidas adecuadas para reducir las emisiones tóxicas.

10. Kabwe, Zambia
Vía: neonan.com

Desde que Zambia era una colonia inglesa, hasta hace poco tiempo, que en los alrededores de Kabwe funcionaron varios yacimientos de plomo. En esta ciudad -la única africana en la lista- hay una gran ausencia de medidas para contrarrestar la contaminación que dejaron varias décadas de una industria minera poco regulada.

Aunque las fundiciones y minas ya no están en funcionamiento, los niveles de contaminación del agua y el suelo con polvo de plomo aún son suficientemente altos como para causar la muerte a alguno de los 255 mil habitantes de Kabwe.

Es la única ciudad africana en la lista. En sus alrededores hay minas y fundiciones que estuvieron en funcionamiento desde que el país era una colonia inglesa hasta no hace mucho tiempo atrás. Pese a eso, la contaminación sigue causando estragos en la población conformada por cerca a 255.000 habitantes. Los metales pesados, que contaminan el aire, el agua, el suelo e incluso los organismos vivos, causan  graves daños a su gente.

Fuente: Plataforma Urbana

viernes, 26 de abril de 2013

Cambiar el patrón de consumo


Foto: dbking / www.everystockphoto.com

El 99% de las conferencias internacionales adormecen el cerebro. Acabo de regresar de ese 1% que despierta y motiva. La conferencia de seguimiento a Rio+20 y la futura agenda de desarrollo post 2015 evitó lo “diplomáticamente correcto” en la ciudad de Bogotá –y planteó que el problema central de América Latina y el Caribe no son los indicadores, ni el fin de los ODMs, ni siquiera el bajón de la Asistencia Oficial para el Desarrollo, sino el patrón de consumo y producción, insostenibles para ésta y futuras generaciones.  El documento de discusión, producido por el sistema de Naciones Unidas, llama a un cambio estructural si la región quiere reducir pobreza, la desigualdad y vivir para contarla el año 2100.
Para una década en la que el vertiginoso aumento del consumo fue parte de la solución –67 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza a partir de un alto ritmo de crecimiento liderado por precios de materias primas—la idea de que el consumo sea a la vez parte del problema es, por decirlo de alguna manera, “controversial”.  Y, sin embargo, tiene mucho de sentido común.
El planeta no da para tener tres refrigeradores por persona, ni gastar 1.200 litros de agua por un kilo de duraznos. El concepto de límites planetarios, acuñado por el Instituto de Resiliencia de Estocolmo, describe los límites biofísicos del planeta en términos que son útiles para la política pública e inteligibles para la opinión pública. Entre dióxido de carbono, acidificación de los océanos, uso de tierra y otras seis dimensiones se juega el límite de lo posible. Si todos los habitantes del mundo  tuvieran el patrón de consumo de EEUU, necesitaríamos 7 planetas. Si todos los europeos  se proclamaran vegetarianos, la contaminación de nitrógeno caería en un 70%.

Gráfico: Límites planetarios

Fuente: J. Lokrantz/Azote - Stockholm Resilience Center

La pregunta clave es cómo traducir esta preocupación global de largo plazo a un programa de desarrollo de carne y hueso. La agenda estratégica del cambio de patrón de consumo y producción emergió con fuerza en la Conferencia de Rio+20, pero corre el peligro de disiparse si no encuentra un ancla en la política pública y la opinión pública masiva. El elefante que se pasea por la tienda de cristalería es por supuesto el precio de las emisiones de carbono. No hablamos acá del mercado de bonos de carbono, ni los mecanismos de mercado para la reducción de la deforestación, sino del precio por tonelada, que es simplemente la métrica que hace posible valorizar la contaminación de los ríos y transformar el contenido energético del crecimiento económico.

Hoy por hoy, las emisiones de carbono no tienen un precio global. Una manera de fijarla es aplicar un impuesto al carbono. De hecho, muchos países ya la aplican. En nuestra región, Costa Rica aplica un impuesto al carbono equivalente al 3.5% que financia en parte el mantenimiento de sus parques naturales.  Un estudio del Banco Mundial calcula que un impuesto al carbono de 22 centavos que estabilice el precio del carbono en 25 dólares por tonelada de emisiones, recaudaría 1 trillón de dólares en los EEUU.

Pongamos esto en contexto. El mundo en desarrollo hoy asigna 523 billones de dólares en subvencionar el consumo de hidrocarburos. Aparte del efecto desigualador –ya que el efecto neto es regresivo— los subsidios al consumo alientan una espiral de mayor dependencia sobre los hidrocarburos. Con precios altos de petróleo, no existen incentivos para generar tecnologías alternativas de energía. Para países productores, la clave está en traducir la bonanza actual en un proceso de diversificación económica gradual. No será sostenible continuar con los subsidios ni basar el desarrollo futuro en una base material tan endeble.

Solo con precios relativos distintos –donde se reducen las emisiones de carbono de manera absoluta—se podrá alinear el patrón de desarrollo con los límites planetarios biofísicos. Todo esto suena a ciencia ficción, pero llegará el día en que aspiremos a un menor ritmo de consumo –más parecido al de nuestros abuelos. Miraremos este periodo como un punto de inflexión para la humanidad.

Una participante de la conferencia de Bogotá mencionaba que la transformación del consumismo latinoamericano no es una quimera –la herencia de los pueblos puede ser aún la base para un nuevo patrón mas equilibrado de vida. La clave está en analizar lo que ganamos y perdemos con transparencia. Es poco probable que podamos “tenerlo todo”.  El cambio estructural proclamado en el documento de Bogotá, propone, hoy por hoy, un giro verde para el patrón de consumo y producción latinoamericano. Bienvenido.

Fuente: http://www.revistahumanum.org/blog/cambiar-el-patron-de-consumo/