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martes, 22 de julio de 2014

Comercio y arquitectura en Cochabamba


Exteriores del "Mall Dubai" que se encuentra en la calle Esteban Arze. - Carlos López Gamboa Los Tiempos
Donde hay circulante siempre se concentrarán los booms. Así, las ferias/mercados han sido desde siempre, el territorio síntesis de la economía de las sociedades. 


Más aún de las sociedades donde la dominancia capitalista hace del mercado la ley todopoderosa. Ingenuos los comentarios sobre descentralización desligados de una re-visión estructural de nuestra sociedad subsumida al capricho del capital.

Si bien en ellas se realizan principalmente los intercambios mercantiles, también, en sentido amplio, se desarrollan intercambios culturales. De ahí que conocer las ferias/mercados de los pueblos y ciudades nos permita un acercamiento a las dinámicas centrales de determinados proyectos societales... y su relacionamiento con el mundo externo.

Para nuestro caso, de un extremo en el campo, al centro de la ciudad, lo abigarrado de nuestra sociedad en distintos matices. Sullus y Dicaprios en tensa armonía...

Reflexión a partir de una nota de Los Tiempos, click en: http://www.lostiempos.com/observador-economico/economia-y-mercados/economia-y-mercados/20140707/la-cancha-experimenta-un-boom-de-edificios_265772_582520.html



O leerla en extenso a continuación:


La Cancha experimenta un boom de edificios comerciales


Por Lorena Amurrio Montes - Los Tiempos - 7/07/2014


Ed. Impresa PRODUCTOS. En terrenos que pueden llegar a costar 500 dólares el metro cuadrado se alzan edificios de 3 millones de dólares. La zona es una apuesta comercial. Los urbanistas, sin embargo, alertan de una excesiva concentración


Hay un boom de construcción de edificios comerciales en La Cancha, una fiebre de construcciones pensadas estratégica y arquitectónicamente para centros comerciales, edificaciones con espacios abiertos, gradas amplias, plaza de comidas e incluso sucursales de bancos en las mismas instalaciones.
Son iniciativas empresariales, algunas de ellas a un costo de 3 millones de dólares, sólo por dar un ejemplo, levantadas sobre terrenos que en algún momento llegaron a costar hasta 500 dólares el metro cuadrado. Es una apuesta por la gran demanda comercial de la zona y que además refleja el alto movimiento económico que vive el lugar.
En un recorrido realizado por la calle Esteban Arze, Totora, San Martín, Panamericana (por el sector de  Loreto), y por la terminal de buses, se observaron varios de estos edificios nuevos que destacan por su arquitectura, por sus diseños modernistas y orden interior, son espacios amplios donde se pueden encontrar hasta 40 locales diferentes.
Estos centros comerciales tienen entre dos y seis plantas. En cada una, de acuerdo al espacio de construcción, existen entre 10 y 20 locales de todo tipo. En algunos casos, una sola empresa posee toda una planta para ofrecer sus productos al público.
Interiores
La calle Esteban Arze es una de las que tiene más centros comerciales. En una misma cuadra se pudieron observar hasta tres edificios: “Mall Center”, “Mall Cochabamba” y   “Mall Dubai”. Este último es el más grande, nuevo y ostentoso de los tres.
El “Mall Center” y “Mall Cochabamba” se encuentran en la acera norte de la calle, separados tan sólo por unos 50 metros.
Están ocultos entre los toldos de las tiendas aledañas y por ello a veces es complicado distinguir las leyendas con los nombres de los edificios. Por dentro, tienen entre dos y tres pisos. En cada planta existen de 10 a 15 locales. La gran mayoría se encuentra ocupada por tiendas de ropa, especialmente juvenil.
El “Mall Dubai” es el centro comercial con menor antigüedad de los tres. En diciembre pasado, abrió puertas y puso a disposición del público, el sótano y dos de los cuatro pisos que posee la estructura. Según el plan, el tercer y cuarto piso están destinados a sucursales bancarias y una plaza de comidas.
En cada planta, hay entre 16 y 20 locales, con todo tipo de ropa y accesorios a la venta. La ropa juvenil es la que se halla en la mayoría de las tiendas. También está a disposición, el sótano, donde actualmente una empresa de zapatos utiliza todo el espacio para ofertar sus productos.
El alquiler de un local en este centro comercial va desde los 250 hasta 350 dólares, de acuerdo a los metros cuadrados y a la planta donde se encuentra la tienda.
Con escaleras mecánicas, que todavía no funcionan, ascensores, un techo de cristal y un piso de mármol, el “Mall Dubai” es la infraestructura que destaca en la calle Esteban Arze y Totora. Su modernidad y lujo resaltan en medio de La Cancha.
Estas tres edificaciones son algunas de las que existen en toda La Cancha. Ejemplos de este tipo comienzan a emerger en la avenida San Martín y dentro del mercado La Pampa. También está en construcción otro centro comercial al lado de la terminal de buses.
A pesar de la zona comercial que simboliza La Cancha, el arquitecto urbanista Mario Moscoso comenta: “Sería oportuno realizar estos proyectos en otras zonas de la ciudad, con el fin de descentralizar el comercio. En general, todo en Cochabamba está exageradamente centralizado”.
Esta es la opinión de un profesional en construcción dentro de la urbe, quien considera que tener hasta tres centros comerciales en la misma “cuadra” es una sobrepoblación de edificios que tienen un mismo fin y que podrían ser reubicados en diferentes lugares de la ciudad.
Definitivamente existe un boom de centros comerciales en La Cancha que ofrecen a la población una organización diferente de productos, dentro de una de las zonas más desordenadas de la ciudad.

LA EMPRESA
Los centros comerciales
Estos edificios comerciales tienen como fin presentar otro tipo de espacio para el comprador cochabambino, un lugar ordenado y prolijo dentro de la misma Cancha.
Los productos
La ropa, en especial la juvenil, es el producto más ofertado en los centros comerciales. De acuerdo a declaraciones de los vendedores, la ropa es original, de marca y no son copias o usadas.
El vendedor
La amabilidad, calidez y paciencia son algunas de las cualidades que debe tener un comerciante al momento de ofrecer su producto, según mencionan los propios vendedores de los centros comerciales.
El cliente
En la visita realizada a los centros comerciales, se observó todo tipo de clientela. Algunos observan, otros se prueban y compran. "Me gustan los centros comerciales, se puede estar más tranquilo sin el tumulto de la gente, aunque cobran un poco más", menciona Omar Rivero, un comprador.

ENTREVISTA
Mario Moscoso, Arquitecto
"Se debe descentralizar el comercio"
En Cochabamba, tenemos áreas específicas de concentración de las actividades de la población y esto no sólo en el comercio, sino en diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Lo que se debería hacer es descentralizar todo esto y llevar estos edificios comerciales a diferentes zonas de la ciudad. Así, la persona que vive en zonas alejadas del centro tienen la posibilidad de acceder a los productos de su necesidad sin tener que ir muy lejos. Hay que incentivar a que la población camine a los lugares donde necesita abastecerse de algunos productos específicos y no esté todo el tiempo buscando movilidad, para llegar al centro.
Sería oportuno realizar estos proyectos en otras zonas de la ciudad, con el fin de descentralizar el comercio y otras actividades de la población. En general, todo en Cochabamba está exageradamente centralizado.
Rosa Cabrera, Comerciante Mail Dubai
"Un centro comercial tiene más prestigio"
Me parece bien que se construyan estos centros comerciales, porque así La Cancha va creciendo y la ciudad también. Además, estos edificios son bonitos y dan otro aspecto a la ciudad.
Yo prefiero estar aquí, porque un centro comercial tiene más prestigio y la ropa que yo vendo es de marca, aunque mi clientela no es sólo gente de alta categoría, por eso trato de que los precios sean accesibles para todo público.
Aquí entran personas de diferentes estratos sociales y se debe tratar de mantener el mismo precio que afuera, aunque nosotros también tenemos algunos valores agregados, como el orden y la limpieza que ofrece un centro comercial.
Y si el precio es uno o dos bolivianos más caro es por ese valor agregado y porque el alquiler de las tiendas es un poco más caro y tenemos que ganar.

APUNTES
• Estos centros comerciales son construidos en una zona donde el metro cuadrado tiene un costo que oscila entre los 350 y 450 dólares. Por lo tanto, el precio total de una edificación fácilmente puede superar los 3 millones de dólares.
• Según el Consejo Internacional de Centros Comerciales, los bolivianos gastamos 9.000 millones de dólares anuales en la compra de comida, ropa y otros artículos para el hogar, pero el 80 por ciento de ese monto se queda en el comercio informal, es decir, no existe un aporte directo al Estado.

CÁMARA DE COMERCIO
"No son parte del comercio formal de Cochabamba"
Ser parte del comercio formal en Cochabamba comprende el pago de impuestos, es decir, realizar un aporte económico al Estado. Esto no  ocurre con todos los comerciantes de la ciudad, especialmente con los que se hallan en La Cancha, debido a que son considerados minoristas y su capital hace que sean parte del régimen simplificado.
Los centros comerciales pueden albergar entre 20 y 40 locales en sus instalaciones. Esto significa que un promedio de 30 comerciantes por edificio forman parte de este comercio informal y no realizan su aporte al Estado.
Si bien son edificios que albergan un flujo económico importante, no se encuentran inscritos en la Cámara de Comercio de Cochabamba (Cadeco) debido a que el comercio que se lleva a cabo en los centros comerciales es de carácter informal.
Así, también las casetas de La Cancha y todas las tiendas del lugar pertenecen al régimen simplificado. Para afiliarse a Cadeco, es necesario tener el NIT, es decir, pagar impuestos y estar inscrito en Fundempresa.
Según Edith Torrejón, encargada del departamento de comunicación de Cadeco, más del 80 por ciento de los comercios de La Cancha no está asociado, debido a que no tiene la documentación correspondiente, esto también se aplica a los comerciantes que están dentro de las galerías en los edificios de la zona.
Por esta misma razón, Cadeco no posee un registro de los centros comerciales que existen en La Cancha. Estos tampoco están obligados a registrarse a Cadeco, pero de acuerdo a las normas estatales, si tienen un ingreso anual superior a los 107.364.000 dólares, dejan de ser parte del régimen simplificado y pertenecen al comercio formal, es decir, están obligados a dar factura, pagar impuestos y todos los deberes económicos con el país para aportar a su crecimiento.
Los edificios comerciales de la ciudad son espacios que existían hace muchos años, pero desde el 2010 se ha visto un notable incremento de estos centros en Cochabamba, especialmente en el sector de La Cancha.
De acuerdo a datos de la Cámara de la Construcción, actualmente, en Cercado, existen aproximadamente 719 edificios que le dan un aspecto diferente a la ciudad.
El crecimiento de la población, de los comerciantes y de la ciudad en general han provocado la necesidad de expansión de uno de los lugares comerciales más grandes de Bolivia. Todo esto, además representa un crecimiento en la economía cochabambina.

lunes, 15 de abril de 2013

Las Catedrales del Consumo

04/02/08 Por Javier Garcés Prieto

El desarrollo de las “ciudades del consumo” ha transformado la geografía urbana y los hábitos de consumo y de vida de los ciudadanos. Es la manifestación más evidente de la globalización comercial. Por ello se considera que son las “catedrales” de la nueva “religión del consumo” que se extiende por todo el planeta


El desarrollo de las “ciudades del consumo” ha transformado la geografía urbana y los hábitos de consumo y de vida de los ciudadanos. En cualquier lugar del planeta es posible encontrar, con la misma arquitectura y distribución de espacios, grandes superficies y macrocentros de comercio y ocio. Es la manifestación más evidente de la globalización comercial. Por ello se considera que son las “catedrales” de la nueva “religión del consumo” que se extiende por todo el planeta.
Algunas de las transformaciones de la sociedad de consumo les han podido pasar inadvertidas a las personas que las han vivido. Pero existe un fenómeno que, por su rápida y extensa implantación, nadie ha podido dejar de advertir: la progresiva desaparición de las tiendas tradicionales y el nacimiento de los nuevos centros comerciales. Si el autoservicio fue el primer paso en la evolución de los sistemas de distribución y venta, el desarrollo de las “ciudades de comercio y del ocio” es, junto con la generalización del comercio electrónico, el último paso de esta evolución. En España el primer hipermercado se puso en marcha en el año 1973 y en 1980 comenzó la implantación de los macrocentros que reúnen en un mismo espacio, con unidad de servicios (aparcamientos, vigilancia, zonas de paso, etc.), una amplia oferta que incluye grandes superficies, tiendas de todo tipo, cines, oficinas bancarias, restaurantes, etc. Desde entonces su expansión ha sido (y continúa siendo) espectacular, y se han extendido por todo el mundo transformando la geografía urbana y los hábitos de consumo y de vida de los ciudadanos. 

Una nueva filosofía de vida: “comprar por comprar”

El desarrollo de estos macrocentros comerciales es el producto de una profunda transformación del significado de la compra. Para los economistas clásicos las personas tendrían necesidades que cubrir (alimentación, vestido, salud, etc.) y recursos económicos escasos. Por ello deberían buscar las mejores decisiones de compra para obtener las cosas necesarias con los menores costes posibles.
Pero las estrategias comerciales y publicitarias han transformado la emocionalidad y los valores de los consumidores actuales, cuyos comportamientos resultan ya muy poco racionales. Pueden recorrer kilómetros para ir a un hipermercado y ahorrarse unos céntimos (sin tener en cuenta el tiempo y el dinero que gastan en su desplazamiento) y acabar con un carro lleno de cosas superfluas, compradas para aprovechar “magníficas oportunidades” de hacerse con productos que nunca habrían pensado comprar, ni necesitan.
Los comerciantes saben que, cada vez con más frecuencia, no son las necesidades las que impulsan a la compra, sino que la compra es un fin en sí mismo. El consumidor necesita comprar, aunque no necesite lo que compra. Si no fuera así, en las sociedades desarrolladas, en que las personas tienen cada vez mas cubiertas sus necesidades, llegaría un momento en que disminuiría sus compras. Pero la realidad es que cuando esto debiera suceder, el consumidor busca o asume continuamente las “nuevas necesidades” que la sociedad de consumo le ofrece, y sigue comprando, incluso más cada día. 

Estrategias comerciales de incitación al consumo

Para este nuevo consumidor no sirve el comercio tradicional, en el que se entra en la tienda sabiendo lo que se necesita y buscándolo. En los centros comerciales actuales el consumidor entra sin una idea clara de lo quiere comprar o incluso sin querer comprar nada. El deseo de comprar y la decisión de llevarlo a cabo va a surgir dentro del establecimiento.
Por ello el comercio no es ya un espacio cerrado en el que alguien pregunta, tras un mostrador “¿qué quiere Vd.?”. Esta pregunta retraería a los consumidores que entran buscando ver algún producto que les despierte el impulso de compra. Los comercios se han convertido en un lugar de estancia, de paseo, de distracción, que se juntan creando calles y galerías, artificiales pero acogedoras, en una especie de intermedio calle/tienda por la que pueda pasear entre bancos, plantas y árboles artificiales. En estas “calles” encontrará tiendas pequeñas, medianas, grandes almacenes e hipermercados y también cines, restaurantes y discotecas o lugares de ocio. La premisa es muy sencilla: cuanto más tiempo pase una persona en estos centros y más espacio de ellos recorra, más productos verá, más tentaciones recibirá y, por lo tanto, más comprará.
Hay que señalar que la sensación de comprar en libertad que ofrecen los actuales centros comerciales esconde unas posibilidades de manipular y dirigir la conducta de los consumidores en beneficio de los comerciantes como nunca antes había existido. Mediante la estudiada organización y distribución de sus espacios, elementos y productos, así como la preparación del entorno, se incita al consumidor a comprar y se trata además de que esta compra se dirija a determinados artículos. Son los “trucos de los comercios” de los que vamos a señalar algunos de los más frecuentes en las grandes superficies:
  • Los comerciantes cuidan hasta los más mínimos detalles de su establecimiento: los colores, la iluminación e incluso la música ambiental. Tratan así de atraer al consumidor y hacerle sentir en un ambiente agradable y apropiado para el consumo. También la ausencia de referencias exteriores de espacio y tiempo (no suele haber ni relojes visibles ni ventanas) contribuyen a este efecto. Por otro lado, el simple hecho de estar rodeado de personas que compran produce un intenso efecto de imitación y contagio colectivo en la mayoría de los consumidores.
  • Colocar los artículos de primera necesidad y de venta más frecuente (pan, leche, aceite, etc.) en lugares distantes entre sí, para que el consumidor recorra largos espacios en el establecimiento.
  • Dirigir el “flujo de la visita” del modo más amplio posible para que los consumidores pasen por un mayor número de secciones y tengan mayores tentaciones de compra. Para ello se colocan al fondo de los locales determinados “cebos” y artículos de más demanda o se sitúan las entradas y las salidas de los establecimientos distantes entre sí.
  • Los artículos que se desean vender se colocan en los estantes intermedios, a la altura de los ojos, para atraer la atención del consumidor. Los artículos colocados en los lugares altos y bajos de las estanterías difícilmente son vistos.
  • Se colocan los productos que se desea vender junto a otros más caros (para que parezcan baratos) o en una posición intermedia entre otros extremadamente caros o baratos.
  • Los establecimientos se distribuyen en pasillos largos, sin cortes y relativamente estrechos, en los que es difícil dar la vuelta con el carro, a menudo de grandes dimensiones, para estimular la compra. El consumidor, una vez que entra en un pasillo con su carro, está obligado a recorrerlo hasta el final, sin poder retroceder o desviarse.
  • Las “cabeceras” de los lineales son lugares muy preferentes ya que para dar la vuelta el consumidor debe disminuir la velocidad de su marcha y prestar atención a lo que le rodea. Por eso es allí donde se colocan la mayoría de las ofertas.
  • Colocar atractivos carteles o reclamos que hacen referencia al precio o las características del producto con grandes o llamativos caracteres. La simple visión de estos anuncios de “falsas ofertas” tienta a muchos consumidores, aunque desconozcan si se trata o no de una buena compra.
  • Al lado de las cajas de pago se colocan artículos de capricho, puesto que es fácil que al acabar todas las compras previstas, y mientras se está haciendo fila para pagar, el consumidor compre por “impulso” este tipo de productos.
La efectividad de todo este tipo de técnicas está ampliamente contrastada. Como prueba de su éxito se puede señalar que entre el 40 y el 70 por ciento de las decisiones de compra se toman dentro de los centros comerciales y muchas de ellas se refieren a productos que el consumidor no tenía previsto comprar cuando entró en el establecimiento. Además, el 95 por ciento de los consumidores que entran en una gran superficie sin una idea definida de lo que quieren comprar o simplemente “para mirar”, terminan realizando alguna compra. 

Efectos psicológicos y sociales de los nuevos establecimientos comerciales
 

Si antes los comercios se instalaban en las calles de la ciudad, ahora las tiendas han creado sus propias calles: las galerías se convierten en ciudades y construyen un nuevo mundo centrado en el consumo. Son falsas ciudades pero imitan a las reales: es fácil aparcar, se siente seguridad y todo está pensado para resultar acogedor y seductor para propiciar la compra. El peligro de dejarse arrastrar por esta seducción es evidente, sobre todo para los niños y jóvenes que los eligen como lugares donde pasar la mayoría de sus ratos de ocio. Sin pisar la calle, familias enteras pasan del aparcamiento de su casa al del centro comercial, y una vez allí pasean, miran escaparates, compran, van al cine o comen en un restaurante, y, así, sin salir de este espacio cerrado, pasan mañanas y tardes enteras. Parece que el ciudadano ha olvidado que han sido creados buscando en cada detalle sólo aquello que pueda hacerlos más atractivos y rentables desde el punto de vista comercial, es decir, más incitantes a la compra.
Ciertamente la gran atracción de estos macrocentros se explica, en gran parte, por los aspectos negativos de las grandes ciudades en las que a menudo lo único cercano y fácilmente accesible son esos grandes centros, abiertos muchas horas, a los que se puede ir sin avisar y en los que se aparca con facilidad. Las ciudades actuales son cada vez más inhumanas y menos propicias para el contacto con otras personas. Ver a amigos o familiares resulta en ellas mucho más difícil e incómodo que acudir al centro comercial más cercano.
Pero el consumidor no es consciente de los efectos que supone pasar una gran parte de su vida en esas “ciudades interiores” creadas por el comercio. Permanecer horas y horas rodeados de escaparates, tiendas y reclamos comerciales tiene una repercusión intensa sobre cualquier persona. Consciente o inconscientemente se acaba asumiendo una visión consumista de la vida, en la que la felicidad y el éxito social depende de lo que uno compre, y en el que no es posible divertirse sin gastar dinero.
La generalización del uso de estos macrocentros comerciales como lugares de ocio acaba cerrando el abanico de intereses no consumistas de las personas y de la sociedad. Muchos consumidores afirman que van a estos centros porque allí “hay de todo”. Obviamente no es verdad que “haya de todo”. Cada metro de estos lugares está pensado en función de su rentabilidad económica, y por lo tanto dejan fueran todo lo que no produce -directa o indirectamente- beneficio económico. Será difícil encontrar en ellos, por ejemplo, exposiciones de arte, bibliotecas, salas de conferencias o lugares de estancias o encuentro social en los que no sea preciso consumir.
Otra triste consecuencia de lo anterior es que las calles de las ciudades pierden su tradicional importancia como lugares de estancia y encuentro y los ciudadanos las usan sólo como lugares de paso (muchas veces en coche) entre las viviendas y los centros comerciales. Encerrados en estas artificiales “ciudades” del comercio, ignoran las ofertas de ocio y cultura no consumista que les pueda ofrecer su ciudad y alejan las posibilidades de desarrollo urbano más humano, en el que la vida y el contacto con otras personas suceda en espacios abiertos y públicos.
No se ha reflexionado suficientemente sobre lo que supone el triunfo de esas “ciudades interiores” creadas por el comercio. Aunque la sensación de soledad, inseguridad y falta de alicientes que siente el moderno “urbanita” encuentre alivio en ellos, le arrastra a un estilo de vida materialista e insatisfactorio. El auténtico progreso debería conducir a un desarrollo humano menos superficial, más pleno y más sostenible.
 
* Javier Garcés Prietoes psicólogo, profesor de Psicología del Consumidor y presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales. Este artículo ha sido publicado en el nº 29 de la revista Pueblos, diciembre de 2007. - http://www.revistapueblos.org
 
Fuente: 
http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Desarrollo_Sustentable/Las_Catedrales_del_Consumo